Archipiélago Dron, de Nuevo Teatro Fronterizo en el Fringe Madrid

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Nuevo Teatro Fronterizo / Investigación, teatro / Madrid

Alumbrados por los potentes focos del “poder” y la “verdad” establecidos aparecen ante nosotros una serie de cegadores fragmentos de vida: una reportera destinada a una zona de conflicto; dos científicos preparando la presentación de un importante estudio; un cargo político en una rueda de prensa; un joven que combate el aburrimiento jugando on line; un piloto de drones presentando el informe de una oscura misión. Todos ellos unidos por un hecho, una situación que ha ocurrido… y que, sin embargo, cambia en las bocas de cada uno; retorciéndose, oscureciéndose, desdibujándose hasta resultar incomprensible. Algo ha ocurrido, pero… ¿el qué? Entre los potentes reflectores como única realidad posible y la oscuridad del desconocimiento emergen los pequeños destellos de unas “luciérnagas” que, mediante sus interrupciones, intentarán alumbrar con su pequeñaluz lo aplastado por los discursos de los reflectores del poder.

Dirección: Eva Redondo

Elenco: Marian Degás, Paco Díaz, Jorge de las Heras, Gabriel Ignacio, Celia de Juan, Silvia López, Eva Redondo, Óscar del Pozo, Carmen Soler, Velilla Valbuena, Delfín Estévez y Antonio Sansano

Coordinación artística: José Sanchis Sinisterra.

Dramaturgia: Enrique Torres, Eva Redondo, QY Bazo.

Diseño de Luces y dirección técnica: César Linares. Coordinación técnica: Fernando Calatrava. Producción: Ana Belén Santiago Ayudante de dirección: Daniel Ramírez. Video: Nuevenovenos. Una producción de Nuevo Teatro Fronterizo.

Copio aquí unos textos extraídos del blog del colaboratorio del NTF, que es en donde se ha creado esta función , a modo de declaración de intenciones de la obra.

ARCHIPIÉLAGO DRON: Temática y metodología

“Archipiélago: conjunto de islas unidas por aquello que los separa”.

Los protocolos en forma de “archipiélagos” de José nos abren vías de investigación sobre dramaturgias basadas en lo discontinuo, lo fragmentario, lo heterogéneo… muy en la línea de las “obras paisaje” con las que autores como Roland Schimmelpennig (Final y principio) o Michel Vinaver (11-9-01) están desbrozando nuevos caminos para la dramaturgia contemporánea.

Dron (del inglés drone):

Abeja macho en una colmena cuya única función es aparearse con la reina.
Aeronave que vuela sin tripulación humana a bordo.

Vivimos en tiempos teledirigidos. La tecnología, ya omnipresente en nuestras vidas, cambia la forma en la que trabajamos (a distancia), nos relacionamos (a distancia), nos comunicamos (a distancia) e incluso en que nos matamos (a distancia). El dron es ya la imagen distintiva con la identificar el siglo XXI, un aparato controlado a distancia que nos permite alejarnos, tanto física como éticamente, de las acciones que hacemos con tan solo pulsar un botón.

Al público se nos da el programa de uno de cuatro colores y se nos introduce por orden de entrada en varios rectángulos delimitados por líneas de esos cuatro colores y por luz bordeando una equis central. Se nos conmina insistentemente a que nos mantengamos dentro del rectángulo. Todo va creando una atmósfera de estado de vigilancia o policial, ayudado también por las barras luminosas similares a las de las pistas de los aeropuertos.

Los actores entran y salen por esa equis y son “fotografiados” por fogonazos de luz de flash hasta que convergen sobre una tarima en donde primero definen el término “dron” y luego tiene lugar una rueda de prensa en la que un cargo político informa sobre un suceso que ha tenido lugar y que concierne al ejército. No se especifica cuál es el suceso.

Uno de los personajes, un whistleblower, megáfono en mano, avisa de los peligros que nos caen de arriba y de que España no puede permitirse pagar esa tecnología; pero qué pasaría si fuéramos las víctimas….

Eva Redondo, que también dirige y está a cargo de la dramaturgia, borda el papel del cargo político, modelado a imagen y semejanza de nuestra vicepresidenta actual, de la que toma muchos de sus gestos y tics, así como sus infortunados eufemismos y la chulesca manera de hablar. No nos queda más remedio que reirnos de las barbaridades y salidas por la tangente.

Tras la rueda de prensa, ya el público puede sentarse en uno de los cuatro escenarios en cada una de las cuatro esquinas de la amplia nave y donde tendrán lugar cada una de las cuatro escenas que irán rotando. Esos escenarios están parcialmente aislados y puedes escuchar y ver algo de lo que ocurre en alguno de los otros escenarios, con lo que al principio andas algo desconcertado con que puedas perderte parte de lo que suceda.

Celia de Juan en el papel de la reportera apostada en el país en conflicto en donde ocurre el suceso habla por teléfono con su jefe en España. A la vez, un personaje tiene diversos “sueños” o pesadillas más bien (Marian Degás) que te hacen intuir por dónde va a ir la trama de la obra. Yo estuve en el primer “lote” de 40 espectadores, los que portábamos las tarjetas amarillas, y al ver las escenas en un orden diferente, puede variar algo la visión que tenga el espectador de lo que va ocurriendo.

Jorge de las Heras (por cierto, uno de los fundadores de La escalera de Jacob) es el joven que se aburre y se dedica a jugar online…

Velilla Valbuena compone un personaje indefinido, probablemente algún tipo de cooperante o voluntaria,  tratando de que el personaje de Carmen Soler, que parece que ha sido testigo del famoso incidente, hable y cuente lo que vio.  El personaje de Carmen Soler es una pobre que tiene que vivir de la caridad ajena, y ha perdido la palabra al ver lo que parece haber sido una escena de masacre en la que sabemos que había  una furgoneta y uno o varios niños.

Gabriel Ignacio compone con verosimilitud el papel de científico preocupado por su objeto de estudio, Jaime, que habría que matar porque está sufriendo y al que han dado ritalina.

Cuando acabamos de ver cada una de estas cuatro escenas, vemos todos lo que sucede en el centro de la nave. Un soldado, interpretado por Delfín Estévez, informa sobre el “incidente” en la plaza, mientras el resto de los personajes, sus superiores, le van corrigiendo constantemente de tal forma que al final apenas queda un resto de verdad sobre lo que realmente ocurrió. Es en esta escena, a base de lo que van podando del informe del soldado en donde vamos obteniendo la realidad de lo que ocurrió.

Vuelven las nuevas escenas a discurrir y rotar por los cuatro escenarios y ya se va desenredando la trama y empezamos a saber algo de lo que ocurre, las presiones que se ejercen sobre algunos para que no digan la verdad, qué está investigando el científico y para quién. Como lamentablemente sucede en la realidad,  el científico está a las órdenes de un “investigador en jefe” que es el hijo del empresario que le sufraga la investigación y que no tiene ni la más mínima idea de ciencia.

Las últimas escenas ocurren otra vez en el centro de la nave a donde vamos ya todos en pie sin tener que mantener ningún orden. Vuelve a aparecer el hombre del megáfono, el científico da una rueda de prensa en donde acaba estallando y la pobre interpretada por Carmen Soler habla por fin, de la ciénaga, de la pobreza en la que viven los niños, que juegan porque lo hacen siempre donde sea. Hila un discurso conmovedor de enajenada por eso que ha visto, mirándonos a los ojos. Pero por supuesto, los políticos, los poderosos, siempre tienen la última palabra.

En definitiva, a pesar de que el tema, al que no se le puede negar su actualidad, puede resultar ya algo trillado después de todo lo que se ha hablado sobre Wikileaks en series y películas, generalmente norteamericanas, que han tratado el tema de los drones con mejor o peor fortuna; es el tratamiento y la forma que se le ha dado, desde la introducción del público asistente a esta especie de zonas iluminadas y controladas “policialmente”, así como las notables actuaciones y la utilización del espacio en islas lo que le da mucho interés y juego a la función, creada en el laboratorio taller del Nuevo Teatro Fronterizo. El texto, además, está lleno de hallazgos notables que crean puntos de vista muy diferentes. El ritmo puede decaer en algunos instantes y alguna de las escenas que ocurren en las diferentes islas del archipiélago creo que podrían eliminarse sin que perdiera la función. También el traer estos temas a nuestro país es lo que le da mayor especificidad y originalidad, aunque te encuentras todo el rato pensando en que están hablando de EE.UU. y tienes que realizar un esfuerzo de reubicación mental para situarte en algunas escenas.

No sé cuál será la conclusión de los demás espectadores. La mía, desde luego, ha sido que todos mienten, por las razones que sean; al final nunca recibimos una versión fiable de casi nada de lo que acontece a nuestro alrededor, a pesar de que cada vez hay más medios de información a nuestra disposición. No puedo tampoco evitar recordar “La verdad sospechosa”, de Ruiz de Alarcón, escrita ya hace unos siglos y que he visto muy recientemente en Almagro, en la que todos mienten, por razones más o menos legítimas, y sí hay personas que obtienen provecho, y grande, de esas mentiras sin fin; pero es siempre la gran mayoría, los ciudadanos de a pie, los que acabamos perdiendo.

No se trata de un “work in progress”, sino de una función muy trabajada que debería tener vida más allá del Fringe. El público, cómplice o no del NTF de Sanchis Sinisterra,  disfrutó de la función y lo demostró con sus aplausos.

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