Donde hay agravios no hay celos, de Rojas Zorrilla por la CNTC en el Festival de Almagro

Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607 – Madrid, 1648), considerado como un seguidor de Calderón, fue el gran innovador de la comedia de figurón. Escribió en colaboración con autores como Vélez de Guevara, Luis Belmonte, Calderón y otros. Su obra presenta singularidades temáticas poco frecuentes en su tiempo, como el papel que desempeña la mujer como vindicadora de su propio honor (Cada cual lo que le toca). Escribió comedias mitológicas (Progne y FilomenaLos encantos de Medea), de santos (La vida en el ataúdLos trabajos de Tobías), históricas (Santa Isabel de Portugal) y de costumbres (Obligados y defendidos, Donde hay agravios no hay celos) y dramas de honor (Del rey abajo, ninguno). Sus comedias de figurón (Entre bobos anda el juego), caracterizadas por una trama compleja y por la profundidad psicológica con que trata a sus protagonistas o figurones, alcanzaron una enorme difusión.

Participó en academias y concurrió a certámenes poéticos, cuya parte satírica, denominada “vejamen”, provocaba frecuentes y vivas discusiones entre los escritores participantes; a consecuencia de uno de estos litigios, Rojas Zorrilla fue agredido y herido gravemente en 1638. Su muerte no debió de ser natural y, aunque no hay pruebas de ello, se contempla la posibilidad de que sufriera una muerte violenta, víctima de alguna enconada envidia proveniente de sectores enemigos del teatro.

Rojas destacó en dos géneros dramáticos: el de la tragedia y el de la comedia de “gracioso”, singularmente en la de carácter cómico. Américo Castro ha indicado como esencial en el drama de Rojas la importancia concedida a la mujer, que venga su propio honor (A cada cual lo que le tocaProgne y FilomenaLa traición busca el castigo e incluso Entre bobos anda el juego), o, por lo menos, tiene conciencia de su propio valor (Peligrar en los remediosLos bandos de Verona o Donde hay agravios no hay celos).

El extremismo barroco en el empleo de estos motivos se observa asimismo en el relieve que el autor concede en otros géneros a la comicidad o al ingenio. A Francisco de Rojas Zorrilla se le considera creador de la “comedia de figurón”, una variante de la comedia de carácter en la que se representa a un protagonista con algún vicio especialmente acusado.

La obra de Rojas se considera, en sus dos vertientes, cómica y dramática, como un avance importante en la mejora formal de la antigua comedia, a lo que hay que sumar la ampliación de la intensificación emocional de las situaciones trágicas, para las que siempre buscaba la innovación en el tratamiento y la originalidad en las resoluciones. Es notorio asimismo que sus comedias de costumbres contienen una capacidad humorística más compleja y honda que la de la mayoría de sus colegas, por el simple hecho de que su exposición de las idiosincrasias humanas está más cerca de la realidad y, por tanto, es más creíble y jocosa. El estilo de Rojas ofrece las mismas características que el de Calderón de la Barca, o sea un lenguaje culterano y conceptista con un lirismo y una construcción que modera el ímpetu de la acción con su despliegue retórico.


Francisco de Rojas Zorrilla

Aunque normalmente no lo hago, me he permitido empezar esta crónica de mi última visita al Festival de Almagro incluyendo una reseña biográfica de Francisco de Rojas Zorrilla, confesando a la vez mi ignorancia casi absoluta de su vida y su obra.

Fernando Sansegundo, autor de la versión, ha dicho en varias entrevistas que ha intentando que el público actual pueda sentir lo mismo que sentía el público del siglo XVII al ver la obra y que, para ello, ha tenido que “picar” en muchas escenas. Desde luego, su versión llega limpia y clara a nuestros oídos actuales, muy poco acostumbrados ya al verso.

Helena Pimenta ha dicho también que es una obra de segundas oportunidades, en la que muchos de sus protagonistas (al menos, los nobles) empiezan con un problemón muy gordo (y tan gordos, asesinatos y pérdidas del honor femenino que, en aquella época, era condenar a una mujer a la peor de las suertes).

Es una función eminentemente coral en donde prácticamente ninguno de los actores tiene un papel protagonista y todos, incluyendo los criados, tienen su propia historia que vivir y contar. Esto se refleja ya desde el principio, donde todos los intérpretes, incluyendo el acordeonista, Vadzim Yukhnevich, se unen en un precioso coro cantando una canción iluminados bellamente por la siempre mágica luz de Gómez Cornejo.

La función entera está llena de preciosas escenas, y los famosos y numerosos apartes están resueltos muy sabiamente, hasta con coreografía, cuya autora es Nuria Castejón.

Muchos son los temas que toca esta obra de Rojas Zorrilla, bajo la aparentemente inocente etiqueta de “comedia de enredos”: el honor, el amor, los celos, el libre albedrío, la inmovilidad social, la sexualidad femenina, e incluso el poder de la imagen, ya que casi todo el enredo que se organiza es consecuencia de que Don Lope llega a Madrid dispuesto a conquistar a Doña Inés, de la que lo único que ha visto es un retrato, y su criado, Sancho, se equivoca y manda su propio retrato en lugar del de su señor.

De esta forma, Rojas Zorrilla es, al mismo tiempo, un precursor del feminismo, y hasta de la “lucha de clases” o, al menos, del reflejo de la imposibilidad de la época de cambiar de situación social, aunque los criados actúen y sean más sabios que sus amos.

Creo que es a Miguel del Arco al que le he oído decir que para ser un buen director de teatro una de las cosas más importantes es saber elegir a los actores con los que trabajas. Con Helena Pimenta tengo que darle toda la razón, puesto que he visto en acción las decisiones actorales y artísticas que ha tomado en las tres obras que ha dirigido al frente de la CNTC y, a mi entender, no ha tenido más que felices aciertos.

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Esta vez han sido tres los actores invitados a unirse a la CNTC: Clara Sanchis, Jesús Noguero y Natalia Millán. A los tres los conocía de verles en anteriores ocasiones en teatro y, en todos los casos, no ha podido ser más opuesto lo que he visto al tono de comedia de Donde hay agravios no hay celos. A Jesús Noguero le vi como Kafka enamorado, en un papel sobrio y contenido que contrasta con el loco, impetuoso y gracioso Don Juan de Alvarado, aunque caballero de su época, al fin y al cabo, y por lo tanto, constreñido por el honor. De Clara Sanchis el último papel en la que la he visto actuar fue el de Teresa de Ávila en La lengua en pedazos de Juan Mayorga y en este registro de comedia está precisa y sutil, reclamando a su padre su derecho a la elección de marido, mientras rechaza por todos los medios el asedio al que se ve sometida por su primo Don Lope. Y a Natalia Millán, la pude ver en Cinco horas con Mario, y aquí está soberbia como doña Ana, hermana del protagonista, especialmente en el relato de sus desdichas amorosas, su deshonra y la tragedia familiar, pero también en el resto de las situaciones cómicas  y más dramáticas de todo el enredo posterior.

Tras la escena inicial del coro formado por todos los actores más el acordeonista, ya salen en la primera escena Don Juan y su criado Sancho, interpretado por un viejo conocido ya de Almagro y de la CNTC, David Lorente, que es aparecer y causar las carcajadas del público de forma inmediata. Desde luego, Lorente es, con razón, uno de nuestros grandes cómicos.

Fernando Sansegundo, además de la versión, actúa en el papel de Don Fernando de Rojas, padre de Doña Inés, que, como dice durante la representación, el de dar consejos a su edad es el único trabajo que le queda, aunque en la mayoría de los casos y de forma irónica, se limita a escuchar las cuitas de los otros personajes que llegan a sus propias conclusiones y soluciones, por sus propios medios, mediante el simple planteamiento de esos problemas. Desde luego, no es el padre más estricto de la literatura dramática y se deja engañar por la criada, manipular y se inhibe en el duelo entre Don Lope, su propio sobrino, y Don Juan, en una memorable escena.

De Marta Poveda, que aquí tiene el papel de la criada Beatriz, metomentodo, alcahueta, pizpireta y terriblemente sensual, un personaje que, incluso cuando no tiene texto, está en escena observando todo lo que ocurre e interaccionando con uno u otro de los personajes. Ya me he extendido sobre esta actriz en varias entradas anteriores en este blog, pero con este papel me refrendo en mi opinión de que está destinada a ser una de las grandes de nuestro teatro, en todos los registros, dramáticos y cómicos.

Los soliloquios tradicionalmente correspondían a los señores porque contenían reflexiones profundas y manifestaban sentimientos elevados. En muchos casos se recurría a esta forma para plantear cuestiones filosóficas (por ejemplo, el célebre monólogo de Segismundo en La vida es sueño). Rojas transgrede las convenciones genéricas y pone en boca del criado una profunda y crítica reflexión acerca del honor y los duelos. Si bien está presente el humor, es un pensamiento moderno para la época que relativiza ciertas cuestiones apelando al sentido común y al valor de la vida. En esta obra se respeta la adecuación de la métrica a la temática, situación y personaje. Sólo es atípica la presencia de estos soliloquios puestos en boca de criados: el segundo es el arriesgado y magníficamente interpretado por Marta Poveda como Beatriz, cargado de sensualidad en una escena memorable que empieza:

Yo solamente no tengo

A quien le cuente mis males

Pues vaya de soliloquio,

Que en cuantas comedias se hacen

No he visto que las criadas

Lleguen a soliloquiarse

Momento de la representación 'Donde hay agravios no hay celos'

Rafa Castejón interpreta en esta ocasión a uno de los personajes más antipáticos, el del seductor Don Lope, que no para en sus empeños por conseguir a la mujer que le apetezca en cada momento, causándoles la deshonra e, incluso, llegando a asesinar a su mejor amigo, aunque fuera por error. Deshonra a Doña Ana, que se enamora de él, y mata a su hermano menor, mientras intenta conseguir por todos los medios el amor de Doña Inés, que es su prima, y a la que pretende Don Juan. Todos estos enredos causan varios encontronazos verbales y físicos entre ambos, resueltos en preciosas escenas de esgrima (Jesús Esperanza) y lucha (Kike Inchausti) bellamente coreografiadas. Óscar Zafra interpreta a su criado Bernardo, que le saca de apuros en más de una ocasión, y le reprocha con mucho sentido común y sabiduría su comportamiento.

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Todos estos enredos que han podido acabar en varios momentos de la obra en tragedia y uno o varios de sus protagonistas haber acabado de forma violenta (como parece que acabó su propio autor) se resuelven felizmente en una triple boda y en un coro catárquico, al estilo da capo.

Esta vez, y a diferencia de las obras anteriores de la CNTC dirigidas por Helena Pimenta, La vida es sueño y La verdad sospechosa, la función no me ha evocado visualmente otras artes plásticas (la primera, a varios cuadros de Velázquez y la segunda a películas expresionistas), sino que mi imaginación y mis ojos veían teatro y puro teatro, con una acción trepidante en la que no se bajaba el ritmo en ningún momento.

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Han pasado ya unos cuantos días desde que vi la función a la fresca bajo el cielo estrellado de Almagro y todavía sigo pensando en los muchos temas, imágenes y reflexiones que esta “comedia” me ha causado. Son funciones así las que hacen que hacen que crezca la afición al teatro en las nuevas generaciones. El día que fui, un domingo, el Hospital de San Juan estaba lleno, con público de todas las edades aplaudiendo y divirtiéndose a rabiar. ¡Enhorabuena y gracias otra vez a Helena Pimenta y a la CNTC! Iba a añadir un ¡Viva el teatro! y, como no he podido contenerme, aquí lo dejo.

Algunas críticas aparecidas en prensa:

Almagro y el esclavo de su afrenta, por Javier Vallejo en El País

«Donde hay agravios no hay celos» en Almagro. Julio Bravo en su blog Una Butaca con Vistas.

Originalidad, talento y mucho trabajo: Pimenta y la CNTC enredan y atrapan. Mercedes Camacho en Lanza Digital

La risa contra viento y marea, por Esther Alvarado en El Mundo

 

 

 

 

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3 comentarios en “Donde hay agravios no hay celos, de Rojas Zorrilla por la CNTC en el Festival de Almagro

  1. Pingback: Tras el parón de agosto, septiembre y octubre vienen cargaditos de buen teatro a Madrid | Cuandomeacuerdo

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