Tras el parón de agosto, septiembre y octubre vienen cargaditos de buen teatro a Madrid

Tras el parón de agosto, nos recuperaremos del mono teatral gracias a las grandes propuestas del otoño teatral madrileño, que viene cargadito, desde el ciclo Una mirada al mundo en el Centro Dramático Nacional, a Peter Brook en los Teatros del Canal, además de muchas recuperaciones de obras que o bien siguen en el circuito off, o han pasado a la nueva Sala Negra de los Teatros del Canal; así que sin mucho más prólogo, echad un vistazo a lo que se viene y empezad ya a salivar. Va sin mucho orden ni concierto.

Ciclo Una mirada al mundo del Centro Dramático Nacional, CDN

La sangre de Antígona  de José Bergamín. (Teatro María Guerrero)La ciudad de Tebas después de padecer un sitio angustioso ha visto huir por cada una de las siete puertas de sus murallas a sus sitiadores vencidos.
Pero en la victoria cayeron juntos los dos caudillos de su lucha, hermanos de una misma sangre, víctimas de un mismo destino. Para que se cumpliese en ellos la maldición paterna.
Murieron matándose: uno a manos del otro, en un solo abrazo de muerte. Su sangre se ha juntado en la tierra, pero sus cuerpos yacen separados para siempre por la voluntad de los vivos.
Érika de la Llave, Ana Isabel Esqueira, Rosenda Monteros, Arturo Beristáin, Álvaro Zúñiga, Israel Islas, Rocío Leal, Tony Marcín, Abril Mayett, Laura Padilla y Teresa Rábago. Fernando Bergamín Arniches (Versión), Ignacio García (Dirección, música y sonido).Producción de la Compañía Nacional de Teatro de México en colaboración con el Centro Dramático Nacional

Medida por medida  de William Shakespeare. (Teatro María Guerrero)

Medida por medida es una de las más grandes obras de Shakespeare. Como muchos grandes thrillers, no es pura comedia ni pura tragedia, sus cambios dramáticos de tono nos mantienen en vilo. Un gobierno corrupto, una novicia sumida en un dilema espantoso… Una ciudad asfixiante e imprevisible, policía, conventos, cárceles y burdeles. La justicia, Dios, el sexo, la muerte son los temas que se combinan en una mezcla sorprendente hasta llegar a un final extraordinario. Pero, como en los grandes thrillers, la obra plantea cuestiones profundas e inquietantes sobre nuestra forma de vida. E incluye escenas que figuran sin duda entre las mejores que Shakespeare haya escrito.

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Con Alexander Feklistov, Anna Khalilulina, Nicholas Kislichenko, Andrei Kuzichev, Sergei Lanbamin, Anastasia Lebedeva, Alexander Matrosov, Valery Pankov, Alexey Rakhmanov, Yury Rumyantsev, Peter Rykov, Igor Teplov, Olga Vecherik. Dirigido por Declan Donnellan.

Producción Cheek by Jowl y Teatro Pushkin de Moscú y en coproducción con Centro Dramático Nacional, Barbican (Londres) y Les Gémeaux/Sceaux/Scène Nationale

Ilíada de Homero (Teatro Valle-Inclán)Quince enormes actores llevan a escena, en clave profundamente contemporánea, la gran tragedia homérica que no es más que la tragedia del ser humano. Quince actores pertenecientes al grupo más próximo a Livathinos, que fue director de la sección de nuevas tendencias del Teatro Nacional de Grecia desde 2001 hasta 2007. Quince actores que conforman un conjunto capaz de encarnar a los más de treinta personajes presentes en la adaptación. Quince actores, en definitiva, y un director fuertemente comprometidos con la escena, con la labor actoral, con el teatro, en una situación – en su propio país– que hace aún más heroica su postura ética.
Con Argyro Ananiadou, Vasilis Andreou, Lefteris Angelakis, Dionysis Boulas, Giorgos Christodoulou, Dimitris Imellos, Nikos Kardonis, Nefeli Kouri, Gerasimos Michelis, Giannis Panagopoulos, Maria Savvidou, Christos Sougaris, Aris Troupakis, Amalia Tsekoura, Giorgos Tsiantoulas, y Manousos Klapakis (percusión).

La Ilíada del grupo de teatro de Stathis Livathinos se estrenó en coproducción con el Festival de Teatro de Atenas y Epidauro 2013

Gasoline Bill  de René Pollesch. (Teatro Valle-Inclán)Última creación de Pollesch para el Kammerspiele de Múnich redunda en estas características propias de su teatro: los grandes temas son algo del pasado; el texto es presentado como un proceso colectivo y como un mosaico sin orden aparente en el que cuatro actores en estado de gracia nos hacen transitar en clave de humor a veces desenfrenado, por todas las pequeñas obsesiones del hombre actual (y del actor actual), y que podríamos resumir en una frase del texto: «he salvado dos delfines gracias a mi voluntariado en Greenpeace, y aun así, no consigo dejar de estar triste…»
Con Katja Bürkle, Benny Claessens, Sandra Hüller, Kristof Van Boven.
Testamento  de Vickie Gendreau (Teatro Valle-Inclán)Vickie Gendreau nos sumerge en su universo loco, donde su reacción ante inminente muerte es múltiple, explosiva, auténtica. En todo su arrebato revela un fuerte deseo de vivir dando rienda suelta a todos esos locos impulsos de la existencia, propios de los últimos momentos, donde todo es todavía posible.
Con Marilyn Castonguay, Juliane Desrosiers-Lavoie, Simon Lacroix, Étienne Laforge, Hubert Lemire, Jean-Philippe Perras, Dominique Pétin, Jade-Mariuka Robitaille.
Producción Théâtre de Quat’Sous (Montreal)
Además de esta mirada internacional al teatro, en el CDN veremos también en octubre la última propuesta de Alfredo Sanzol, La calma mágica, un viaje iniciático que nos va a llevar a África, a los elefantes rosas, al amor, a la obsesión, a los allanamientos de morada, a las escopetas de caza, al alcohol, a la traición, a los sueños robados y a los manantiales de los que surge el agua de la vida. Con Sandra Ferrús, Mireia Gabilondo, Aitziber Garmendia, Iñaki RikarteDel 10 de octubre al 9 de noviembre.
Y también regresa al CDN el último exitazo de escritos en la escena, Haz clic aquí de José Padilla, con Pablo Béjar, Inma Cuevas, Gustavo Galindo, Nerea Moreno y Ana Vayón.

El 3 de septiembre se anunciará la nueva temporada de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, a lo mejor desde el Teatro de la Comedia, aunque ya se sabe que por lo menos la primera parte se desarrollará en el Teatro Pavón. En cualquier caso, desde el 17 de septiembre estará en cartel Donde hay agravios no hay celos, que ya tuve ocasión de disfrutar en el Festival de Almagro.

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Cliff, texto de Alberto Conejero, dirigido por Alberto Conejero y Alberto Velasco y asistencia de Pablo M Bravo, con Carlos Lorenzo en La Pensión de las Pulgas en Septiembre. Cliff indaga sobre la tiranía de la máscara y la cosificación del individuo a través de la figura de uno de los más lúcidos intérpretes de la historia del cine. Un monólogo que es en realidad polifonía; una superficie textual aparentemente narrativa que encierra una poderosa estructura dramática; un texto en el que la palabra poética emerge como sustancia teatral viva y que constituye no solo una homenaje a la figura de Clift, sino al mismo oficio del actor.

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Donde hay agravios no hay celos, de Rojas Zorrilla por la CNTC en el Festival de Almagro

Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607 – Madrid, 1648), considerado como un seguidor de Calderón, fue el gran innovador de la comedia de figurón. Escribió en colaboración con autores como Vélez de Guevara, Luis Belmonte, Calderón y otros. Su obra presenta singularidades temáticas poco frecuentes en su tiempo, como el papel que desempeña la mujer como vindicadora de su propio honor (Cada cual lo que le toca). Escribió comedias mitológicas (Progne y FilomenaLos encantos de Medea), de santos (La vida en el ataúdLos trabajos de Tobías), históricas (Santa Isabel de Portugal) y de costumbres (Obligados y defendidos, Donde hay agravios no hay celos) y dramas de honor (Del rey abajo, ninguno). Sus comedias de figurón (Entre bobos anda el juego), caracterizadas por una trama compleja y por la profundidad psicológica con que trata a sus protagonistas o figurones, alcanzaron una enorme difusión.

Participó en academias y concurrió a certámenes poéticos, cuya parte satírica, denominada “vejamen”, provocaba frecuentes y vivas discusiones entre los escritores participantes; a consecuencia de uno de estos litigios, Rojas Zorrilla fue agredido y herido gravemente en 1638. Su muerte no debió de ser natural y, aunque no hay pruebas de ello, se contempla la posibilidad de que sufriera una muerte violenta, víctima de alguna enconada envidia proveniente de sectores enemigos del teatro.

Rojas destacó en dos géneros dramáticos: el de la tragedia y el de la comedia de “gracioso”, singularmente en la de carácter cómico. Américo Castro ha indicado como esencial en el drama de Rojas la importancia concedida a la mujer, que venga su propio honor (A cada cual lo que le tocaProgne y FilomenaLa traición busca el castigo e incluso Entre bobos anda el juego), o, por lo menos, tiene conciencia de su propio valor (Peligrar en los remediosLos bandos de Verona o Donde hay agravios no hay celos).

El extremismo barroco en el empleo de estos motivos se observa asimismo en el relieve que el autor concede en otros géneros a la comicidad o al ingenio. A Francisco de Rojas Zorrilla se le considera creador de la “comedia de figurón”, una variante de la comedia de carácter en la que se representa a un protagonista con algún vicio especialmente acusado.

La obra de Rojas se considera, en sus dos vertientes, cómica y dramática, como un avance importante en la mejora formal de la antigua comedia, a lo que hay que sumar la ampliación de la intensificación emocional de las situaciones trágicas, para las que siempre buscaba la innovación en el tratamiento y la originalidad en las resoluciones. Es notorio asimismo que sus comedias de costumbres contienen una capacidad humorística más compleja y honda que la de la mayoría de sus colegas, por el simple hecho de que su exposición de las idiosincrasias humanas está más cerca de la realidad y, por tanto, es más creíble y jocosa. El estilo de Rojas ofrece las mismas características que el de Calderón de la Barca, o sea un lenguaje culterano y conceptista con un lirismo y una construcción que modera el ímpetu de la acción con su despliegue retórico.


Francisco de Rojas Zorrilla

Aunque normalmente no lo hago, me he permitido empezar esta crónica de mi última visita al Festival de Almagro incluyendo una reseña biográfica de Francisco de Rojas Zorrilla, confesando a la vez mi ignorancia casi absoluta de su vida y su obra.

Fernando Sansegundo, autor de la versión, ha dicho en varias entrevistas que ha intentando que el público actual pueda sentir lo mismo que sentía el público del siglo XVII al ver la obra y que, para ello, ha tenido que “picar” en muchas escenas. Desde luego, su versión llega limpia y clara a nuestros oídos actuales, muy poco acostumbrados ya al verso.

Helena Pimenta ha dicho también que es una obra de segundas oportunidades, en la que muchos de sus protagonistas (al menos, los nobles) empiezan con un problemón muy gordo (y tan gordos, asesinatos y pérdidas del honor femenino que, en aquella época, era condenar a una mujer a la peor de las suertes).

Es una función eminentemente coral en donde prácticamente ninguno de los actores tiene un papel protagonista y todos, incluyendo los criados, tienen su propia historia que vivir y contar. Esto se refleja ya desde el principio, donde todos los intérpretes, incluyendo el acordeonista, Vadzim Yukhnevich, se unen en un precioso coro cantando una canción iluminados bellamente por la siempre mágica luz de Gómez Cornejo.

La función entera está llena de preciosas escenas, y los famosos y numerosos apartes están resueltos muy sabiamente, hasta con coreografía, cuya autora es Nuria Castejón.

Muchos son los temas que toca esta obra de Rojas Zorrilla, bajo la aparentemente inocente etiqueta de “comedia de enredos”: el honor, el amor, los celos, el libre albedrío, la inmovilidad social, la sexualidad femenina, e incluso el poder de la imagen, ya que casi todo el enredo que se organiza es consecuencia de que Don Lope llega a Madrid dispuesto a conquistar a Doña Inés, de la que lo único que ha visto es un retrato, y su criado, Sancho, se equivoca y manda su propio retrato en lugar del de su señor.

De esta forma, Rojas Zorrilla es, al mismo tiempo, un precursor del feminismo, y hasta de la “lucha de clases” o, al menos, del reflejo de la imposibilidad de la época de cambiar de situación social, aunque los criados actúen y sean más sabios que sus amos.

Creo que es a Miguel del Arco al que le he oído decir que para ser un buen director de teatro una de las cosas más importantes es saber elegir a los actores con los que trabajas. Con Helena Pimenta tengo que darle toda la razón, puesto que he visto en acción las decisiones actorales y artísticas que ha tomado en las tres obras que ha dirigido al frente de la CNTC y, a mi entender, no ha tenido más que felices aciertos.

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Esta vez han sido tres los actores invitados a unirse a la CNTC: Clara Sanchis, Jesús Noguero y Natalia Millán. A los tres los conocía de verles en anteriores ocasiones en teatro y, en todos los casos, no ha podido ser más opuesto lo que he visto al tono de comedia de Donde hay agravios no hay celos. A Jesús Noguero le vi como Kafka enamorado, en un papel sobrio y contenido que contrasta con el loco, impetuoso y gracioso Don Juan de Alvarado, aunque caballero de su época, al fin y al cabo, y por lo tanto, constreñido por el honor. De Clara Sanchis el último papel en la que la he visto actuar fue el de Teresa de Ávila en La lengua en pedazos de Juan Mayorga y en este registro de comedia está precisa y sutil, reclamando a su padre su derecho a la elección de marido, mientras rechaza por todos los medios el asedio al que se ve sometida por su primo Don Lope. Y a Natalia Millán, la pude ver en Cinco horas con Mario, y aquí está soberbia como doña Ana, hermana del protagonista, especialmente en el relato de sus desdichas amorosas, su deshonra y la tragedia familiar, pero también en el resto de las situaciones cómicas  y más dramáticas de todo el enredo posterior.

Tras la escena inicial del coro formado por todos los actores más el acordeonista, ya salen en la primera escena Don Juan y su criado Sancho, interpretado por un viejo conocido ya de Almagro y de la CNTC, David Lorente, que es aparecer y causar las carcajadas del público de forma inmediata. Desde luego, Lorente es, con razón, uno de nuestros grandes cómicos.

Fernando Sansegundo, además de la versión, actúa en el papel de Don Fernando de Rojas, padre de Doña Inés, que, como dice durante la representación, el de dar consejos a su edad es el único trabajo que le queda, aunque en la mayoría de los casos y de forma irónica, se limita a escuchar las cuitas de los otros personajes que llegan a sus propias conclusiones y soluciones, por sus propios medios, mediante el simple planteamiento de esos problemas. Desde luego, no es el padre más estricto de la literatura dramática y se deja engañar por la criada, manipular y se inhibe en el duelo entre Don Lope, su propio sobrino, y Don Juan, en una memorable escena.

De Marta Poveda, que aquí tiene el papel de la criada Beatriz, metomentodo, alcahueta, pizpireta y terriblemente sensual, un personaje que, incluso cuando no tiene texto, está en escena observando todo lo que ocurre e interaccionando con uno u otro de los personajes. Ya me he extendido sobre esta actriz en varias entradas anteriores en este blog, pero con este papel me refrendo en mi opinión de que está destinada a ser una de las grandes de nuestro teatro, en todos los registros, dramáticos y cómicos.

Los soliloquios tradicionalmente correspondían a los señores porque contenían reflexiones profundas y manifestaban sentimientos elevados. En muchos casos se recurría a esta forma para plantear cuestiones filosóficas (por ejemplo, el célebre monólogo de Segismundo en La vida es sueño). Rojas transgrede las convenciones genéricas y pone en boca del criado una profunda y crítica reflexión acerca del honor y los duelos. Si bien está presente el humor, es un pensamiento moderno para la época que relativiza ciertas cuestiones apelando al sentido común y al valor de la vida. En esta obra se respeta la adecuación de la métrica a la temática, situación y personaje. Sólo es atípica la presencia de estos soliloquios puestos en boca de criados: el segundo es el arriesgado y magníficamente interpretado por Marta Poveda como Beatriz, cargado de sensualidad en una escena memorable que empieza:

Yo solamente no tengo

A quien le cuente mis males

Pues vaya de soliloquio,

Que en cuantas comedias se hacen

No he visto que las criadas

Lleguen a soliloquiarse

Momento de la representación 'Donde hay agravios no hay celos'

Rafa Castejón interpreta en esta ocasión a uno de los personajes más antipáticos, el del seductor Don Lope, que no para en sus empeños por conseguir a la mujer que le apetezca en cada momento, causándoles la deshonra e, incluso, llegando a asesinar a su mejor amigo, aunque fuera por error. Deshonra a Doña Ana, que se enamora de él, y mata a su hermano menor, mientras intenta conseguir por todos los medios el amor de Doña Inés, que es su prima, y a la que pretende Don Juan. Todos estos enredos causan varios encontronazos verbales y físicos entre ambos, resueltos en preciosas escenas de esgrima (Jesús Esperanza) y lucha (Kike Inchausti) bellamente coreografiadas. Óscar Zafra interpreta a su criado Bernardo, que le saca de apuros en más de una ocasión, y le reprocha con mucho sentido común y sabiduría su comportamiento.

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Todos estos enredos que han podido acabar en varios momentos de la obra en tragedia y uno o varios de sus protagonistas haber acabado de forma violenta (como parece que acabó su propio autor) se resuelven felizmente en una triple boda y en un coro catárquico, al estilo da capo.

Esta vez, y a diferencia de las obras anteriores de la CNTC dirigidas por Helena Pimenta, La vida es sueño y La verdad sospechosa, la función no me ha evocado visualmente otras artes plásticas (la primera, a varios cuadros de Velázquez y la segunda a películas expresionistas), sino que mi imaginación y mis ojos veían teatro y puro teatro, con una acción trepidante en la que no se bajaba el ritmo en ningún momento.

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Han pasado ya unos cuantos días desde que vi la función a la fresca bajo el cielo estrellado de Almagro y todavía sigo pensando en los muchos temas, imágenes y reflexiones que esta “comedia” me ha causado. Son funciones así las que hacen que hacen que crezca la afición al teatro en las nuevas generaciones. El día que fui, un domingo, el Hospital de San Juan estaba lleno, con público de todas las edades aplaudiendo y divirtiéndose a rabiar. ¡Enhorabuena y gracias otra vez a Helena Pimenta y a la CNTC! Iba a añadir un ¡Viva el teatro! y, como no he podido contenerme, aquí lo dejo.

Algunas críticas aparecidas en prensa:

Almagro y el esclavo de su afrenta, por Javier Vallejo en El País

«Donde hay agravios no hay celos» en Almagro. Julio Bravo en su blog Una Butaca con Vistas.

Originalidad, talento y mucho trabajo: Pimenta y la CNTC enredan y atrapan. Mercedes Camacho en Lanza Digital

La risa contra viento y marea, por Esther Alvarado en El Mundo